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Koitaton Garawale es un negro nómada
de la ancestral tribu de los Ariaal, un grupo étnico minoritario
y aislado del norte de Kenia que sirve estupendamente a los investigadores
occidentales para estudios de poblaciones. Garawale es un pastor
casado, y en 2007 miembros del departamento de Antropología de la
Universidad de Nevada le pidieron una muestra de saliva, a él y a
otros 204 miembros de su comunidad.
Además, le hicieron un test con
preguntas como: "¿Cuántas veces hace usted el amor con su mujer?" Meses
después, en el volumen 48 de Current Anthropology publicaron los
resultados, de los que probablemente Garawale no tenga noticia. |
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La conclusión fue que los niveles de testosterona
de los varones con pareja, obtenidos de las muestras de saliva, eran
muy inferiores a los de los solteros o singles.
Entre los 20 y los
39 años, período de transición de soltero y guerrero a casado, los
hombres con una esposa tenían los niveles de testosterona significativamente
más bajos que los solteros. Contrariamente a lo esperado, los polígamos
no tenían niveles más altos que los monógamos, sino que su hormona
se arrastraba por los suelos. Conclusión: casarse reduce los niveles
de testosterona dramáticamente, amansa al macho biológico, reduce
las ganas de sexo. Lo extraordinario de este estudio es que abre
una brecha en el hasta ahora inquebrantable muro de
las ventajas del matrimonio. |
Los casados tendrán menos testos-terona,
pero viven más tiempo, acuden menos al psiquiatra, tienen menos riesgo
de hipertensión... Una retahila.
De entre las bondades recientemente
atribuidas al matrimonio, merece una pausa la que resulta de la investigación
que llevó a cabo en 2006 el equipo del profesor James Coan, neurocientí-fico
de la Universidad de Virginia. |
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